​1. Los pueblos del occidente peninsular.

1.1. Lusitanos y vettones. El complejo de los pueblos de occidente.

Las regiones de la Meseta occidental eran habitadas por diversos pueblos, entre los que se debe considerar a vetones y lusitanos, aunque con ciertos aspectos cabría incluir como afines a galaicos y astures. A ellos se añaden influjos mediterráneos, que penetraron muy pronto por la vía de la Plata, y una creciente celtización, particularmente intensa en época tardía.

Los vetones vivían a caballo del sistema Central desde el Duero por el norte hasta las sierras de Guadalupe por el sur, presentando, según los autores clásicos, límites contradictorios, que probablemente correspondan a variaciones temporales. Esta imprecisión se puede colmar con ayuda de la arqueología, gracias a la dispersión de las características esculturas zoomorfas conocidas como «verracos», que a veces se han utilizado para designar su cultura. Sus límites con los vacceos por el nordeste incluían las provincias de Salamanca y la sierra de Ávila, llegando al Duero por Zamora, aunque Livio cita a Salmantica (Salamanca) como vaccea y, por el noroeste, penetrarían en Trás-os-Montes, donde limitarían con los carpetanos hasta llegar por el sur hasta el Guadiana, ocupando las tierras occidentales de la actual provincia de Toledo a partir de la Sierra de San Vicente, hasta que, ya en la cuenca del Guadiana, limitarían con los oretanos, que ocupaban la zona de Almadén. Más difícil es trazar sus límites occidentales, pero debieron extenderse por la parte oriental de la provincia de Cáceres hasta la penillanura cacereña, extendiéndose a continuación los lusitanos, con los que debieron tener una fuerte afinidad.

Los lusitanos eran vecinos de los vetones, con los que limitaban por el este, y llegaban hasta el Atlántico, con su núcleo principal hacia la Serra da Estrela. Por el norte, los pueblos galaicos se extendían más allá del Duero, y al sur, probablemente a partir del Guadiana, habitarían ya los túrdulos o turdetanos por el sur de Portugal y Sierra Morena. Por estas zonas la presencia de gentes celtas fue en aumento hasta llegar a representar un elemento étnico específico en algunas zonas, pero sin límites precisos, ya que variarían a lo largo del tiempo. Son ellos los portadores de la típica cultura castreña.

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1.2. La economía. El predominio pastoril.


Estas regiones occidentales son tierras pobres al norte del Guadiana, por lo que su economía se basaría en la minería local y las actividades ganaderas. Al menor desarrollo cultural que se infiere de este ambiente socioeconómico se debe añadir el menor influjo aculturador de los focos meridionales al alejarse hacia el norte y oeste. Ello permite explicar, al menos parcialmente, las posteriores diferencias entre vetones y lusitanos y su mayor receptividad para la asimilación de elementos del mundo céltico.

A partir del siglo VI a.C., la zona vetona desarrolla una característica cerámica decorada a peine con algunos elementos decorativos de origen meridional, que se extiende incluso por el suroeste de la zona vaccea sustituyendo paulatinamente a las cerámicas de tipo Soto de la Medinilla, hasta ser unas y otras eliminadas por cerámicas estampadas poco antes de la aparición del torno. Pero a fines del siglo V y en el IV a.C. se evidencia la penetración de elementos originarios de la cultura celtibérica, como castros defendidos con piedras hincadas, necrópolis de cremación y armas como espadas de frontón y de antenas, etcétera, dando lugar, principalemente en torno a la Sierra de Gredos, a lo que se denomina Cultura de Cogotas II o de los Verracos, que, como se ha indicado, parece corresponder al pueblo de los vetones. Alguno de sus elementos, especialmente armas, se documentan también por la provincia de Cáceres y el norte de Badajoz y, a través de la falla del Jerte-Aliseda, debieron de llegar hasta el Atlántico, según indican hallazgos de la zona de Elvas y de Alcácer do Sal, la turdetana población de Salacia, en la desembocadura del Sado.
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Este aspecto no debe encubrir la natural gradación y evolución de la cultura material. A partir del siglo V, en las cuencas del Guadiana y del Tajo se documenta la aparición de grandes castros con torres muy bien construidas de origen turdetano, que hacia el siglo IV han debido de influir en los castros caracterísiticos del sistema Central y la Meseta Norte, donde su pleno desarrollo parece más tardío, como confirma el castro de Candeleda (Ávila). Paralelamente debieron de ir penetrando las esculturas de los verracos y el torno. Éste se documenta en el siglo VI a.C. en el Guadiana, pero sólo a mediados del IV en puntos más alejados del sistema Central y aún más tarde en la Meseta Norte. Por ello cabe suponer que los grandes núcleos debieron de ser tardíos al norte del Tajo, pues el de El Raso, el mejor conocido, no parece remontarse más allá del siglo II a.C., lo que coincide con las numerosas referencias existentes sobre la escasa civilización de estas gentes y explica la pervivencia también en la agrupación en núcleos de sus necrópolis.

1.3. La sociedad. El bandolerismo lusitano.

Al margen de la visión parcial dada por Roma, se conocen hechos muy significativos que evidencian la tradición guerrera de estos pueblos, famosos como jinetes, que fueron quienes más dificultad opusieron a la conquista romana, junto a los celtíberos, con los que compartían muchas de estas características, no sólo por un ambiente sociocultural semejante sino a consecuencia de su celtización. Entre estas costumbres está la de que los jóvenes lusitanos se reunían e iban a luchar lejos de sus tribus, hecho interpretado a menudo desde la antigüedad como simple bandidaje, pero que más parece tratarse de una tradición sociorreligiosa o rito de iniciación guerrera característico de ese tipo de sociedades. Se sabe también de expediciones mixtas de celtas y turdetanos, que acabaron instalándose entre los galaicos, y son numerosas las referencias a expediciones de saqueo de lusitanos y vetones por la Carpetania y la Bética, lo que prueba que estas gentes, al llegar la conquista romana, estaban en proceso de expansión, o más bien ofrecían la inestabilidad característica de sociedades de estructura socioeconómica guerrera en las que las racias eran una forma de vida.

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1.4. Jefaturas militares. Viriato.

Viriato era un pastor, auqneu a veces ha sido presentaod como mero bandolero. En 151 a.C. se convirtió en lider de la lucha contra la dominación romana. Cercado por el pretor Cayo Vitelio en 147, consiguió romper las líenas romans y, con unmillar de incondicionales, escapar hacia Tribola y atraer a sus perseguidores a una emboscada en la cuál sucumbi´Vitelio.
Con esta victoria, Viriato decidió llevar la guerra hasta la meseta, donde derrotó a los cuestores Cayo Plaucio y Claudio Unimano, y ocupó Segóbriga. La reacción de Roma consistió en enviar un ejército consular mucho más poderoso que los que antes operaban en la península Ibérica, al mando del cónsul Fabio Máximo Emiliano, quien derrotó a Viriato en una batalla en campo abierto en el año 145 a.C., y le obligó a replegarse a Lusitania.
La situación cambiaría con la guerra de Numancia, pues el grueso de las legiones romanas fue obligado a empeñarse en las durísimas campañas contra los celtíberos, lo cual permitió a Viriato pasar a la ofensiva de nuevo. Derrotó al pretor de la Citerior, Quincio, y avanzó por la Bética, antes de verse forzado a retroceder de nuevo a la Lusitania.
Ya en su terreno, derrotó al cónsul Serviliano en el 141 a.C. y consiguió concluir un tratado de paz con Roma, que ésta, decidida a sofocar la resistencia de celtíberos y lusitanos, no tardó en romper. Se envió un nuevo ejército, al mando del cónsul Cepión, quien aprovechó unas negociaciones con los lusitanos para sobornar a varios lugartenientes de Viriato con el fin de que lo asesinasen, como así hicieron. Muerto el líder, la rebelión lusitana perdió fuerza, y en pocos años Roma consolidó su posición en la península Ibérica.



1.5. Culto y religión.

Su religión aparece fuertemente celtizada en algunos aspectos. Las divinidades, entre las que destacan Endovélico y Ataecina, resultan poco antropomorfizadas. La mayoría corresponden a elementos naturales, especialmente rocas y aguas, o a divinidades protectoras muy indefinidas como Bandua, Cosu, Navia, Reue, Tongo, etc., probablemente de tradición indoeuropeo precéltica. Conservaban, asimismo, un antiguo rito indoeuropeo, documentado en la inscripción de Cabeço das Fraguas (Guarda, Portugal), consistente en el sacrificio de un cerdo, una oveja y un toro. También tenían ritos sangrientos, como sacrificios humanos y la amputación de la mano a los prisioneros. Los lugares de culto eran naturales, normalmente rocas con cazoletas, destacando la del castro de Ulaca (Ávila). Característicos de los vetones son los verracos, esculturas de toros y cerdos de función originariamente funeraria, pero probablemente asociada a un carácter apotropaico de defensa del ganado y de los lugares de pasto, totalmente lógico dado su ambiente socioeconómico.

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Adaptado de ALMAGRO, Martín y otros. Protohistoria de la Península Ibérica. Ed. Ariel S.A., 1ª edición de febrero de 2001, Cáp. V, págs. 372-376 (fuente: hispanismo.org), salbo punto 1.4., procedente de Biografía y vidas.